Palabras, música y memoria

El poder de la literatura (o uno de sus poderes): nos hace vivir más. Lo de otros y lo propio.

Leemos, por ejemplo, una historia cualquiera de unos niños, de una familia, de una casa, de un verano sin fin —da igual que sea ficción o verdad, o una mezcla indiscernible—, y sin dejar de atender a lo que nos cuenta, a lo específico de esos episodios y esos personajes, nuestra memoria vuela a recuperar hechos, rostros, voces de otro tiempo, de nuestra propia vida.

El placer de la lectura se multiplica entonces, hay un diálogo más rico con las palabras escritas y con su autor, más capas de sentido y disfrute en el hojaldre del relato.

Jesús Jiménez Prensa acaba de publicar, en la revista FronteraD, una selección de citas de Inventario del paraíso, seguidas de sus comentarios, breves apuntes tiernos e irónicos en los que nos regala vislumbres de su propia infancia:

«Huelo al aire detenido de la despensa de la casa de mi abuela en El Toboso», escribe Jiménez Prensa, «veo esa puerta pequeña por la que había que entrar agachado, donde estaba el mantel enrollado a un palo de escoba. Hacía muchos años que no volvía a oler aquel espacio también contiguo a la cocina».

O:

«Nuestra cabaña la construimos en una encina, clavando algunas tablas para tener techo y suelo entre las ramas. Éramos Cristina, Susana, Edu y yo. Hace menos de un año que talaron esa encina, ahora hay una casa y un muro blanco. Cuando paso por ahí me acuerdo de mi cabaña y de los planes de la cabaña de Michi, Jose, Juanito y Lena [personajes de Inventario…]».

Y nos quedamos, claro, con ganas de seguir conociendo su historia.

«Hemos vuelto, hemos recordado, hemos vivido más», termina su lectura Jiménez Prensa. «Echamos de menos a Michi. Echamos de menos».

La máquina del tiempo

Para echar de menos, o para revivir extrañamente lo que quedó atrás: las palabras, los olores, la música.

¿No son las canciones la verdadera máquina del tiempo? Porque es volver a escucharlas y…

En el programa Entre dos luces de Radio Nacional de España, que dirige Carlos Santos, tiene Tamara Crespo (librera en Urueña) una maravillosa sección, el Club de Lectura, en la que va seleccionando la música que aparece en algunos libros.

Hace unas semanas me llevé la enorme alegría de que se hubiera fijado en Inventario del paraíso, y de que lo hubiera incluido en el programa ni más ni menos que junto a La poética del espacio, de Gaston Bachelard, y a mi adorado Léxico familiar, de Natalia Ginzburg. Le había dado la idea el precioso texto de Bartolomé Medina En las casas de la infancia, en el que hila los tres libros.

De la música que se menciona en mi Inventario…, Tamara seleccionó el Love is a Many Splendored-Thing interpretado por Nat King Cole, Aquellas pequeñas cosas, de Serrat, y el adagio del concierto para clarinete de Mozart.

Y qué bien suenan, intercalados con los comentarios de Tamara, que va explicando con su preciosa voz los pasajes de la novela en que aparecen.

Minúscula y delicada, poderosa máquina del tiempo, la música.

 

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