Algunos libros (I)

He tenido la idea de ir poniendo aquí, en este blog, una lista de libros con los que he disfrutado mucho. De algunos de los libros de mi vida.

Lecturas recientes o no tanto; lecturas, incluso, muy antiguas.

Lo haré de forma un poco desordenada. Mezclaré géneros, estilos, épocas, lenguas, nacionalidades. 

No serán necesariamente los libros más célebres —o reputados como mejores— de sus autores. En algunos casos buscaré justo lo contrario, destacar títulos menos conocidos. 

Una lista de algunos de los libros de mi vida: de los libros que más me gustaron, me divirtieron o me emocionaron, que mejor compañía me hicieron, o de los que más aprendí.

Aquí va la primera entrega, de siete títulos.

La ciudad insular, de Javier Fernández Reina
(Autoeditado en 1991, no es fácil conseguir ejemplares de este libro, pero el autor lo publicó también en Internet, aquí).
Casi tanto como Cádiz, me apasiona este ensayo sobre Cádiz, desde que lo leí hace veinte años. La singularidad geográfica, histórica, social… y casi diría que espiritual de la vieja ciudad de Melkart, se analiza aquí con una sabia mecla de erudición y pasión, y una prosa extraordinaria, que es un placer degustar. (Mencioné este libro en Algo mío en Cádiz).

Tiembla, memoria, de Catalina Murillo
(Uruk Editores)
El vivo ingenio y la agilidad narrativa de la costarricense Catalina Murillo transmiten poderosamente —y con mucho sentido del humor— el dolor de una ruptura, de una separación amorosa. La historia de una tica inteligente y apasionada en Madrid. ¡Magnífica novela!

Lighea o La sirena o El profesor y la sirena de Giuseppe Tomasi di Lampedusa
(Creo que las ediciones en español de los relatos de Lampedusa están descatalogadas, pero se pueden conseguir de segunda mano. Esta novela breve está disponible en Zenda, por cierto sin mención del traductor).
Hay encuentros que nos salvan la vida, cambiándola para siempre, y que no se olvidan por más tiempo que pase. De uno de esos encuentros habla este extraordinario —e inolvidable— relato de Lampedusa, que desprende una sensualidad mediterránea y una melancolía de enorme fuerza. Una joya.

A contrapelo, de Jorys-Karl Huysmans
Cátedra, traducción de Juan Herrero
Creo que ya me voy curando del impacto de esta lectura, que hice de adolescente. Qué difícil ha debido de ser para los varios traductores al español que ha tenido “la Biblia del decadentismo” el enfrentarse al virtuosismo y la riqueza estilística con la que el autor describió las excentricidades esteticistas y amorales, la misantropía, los refinamientos y las perversiones del duque Des Esseintes. Empezando por el título, porque el original À rebours se ha traducido también como Al revés o Contra natura.

La ciudad y las sierras, de Eça de Queirós
(Acantilado, traducción de Javier Coca)
Si a alguien se le ocurriera redactar algo así como un catálogo general de formas de felicidad, no debería olvidarse de incluir en él la lectura de los libros de Eça de Queirós. En Jacinto, el protagonista de esta amenísima novela —en la que brillan la capacidad del autor para la narración, la descripción y el debate de ideas, su humor fino y la plasticidad de su expresión—, algunos han visto la contrafigura del Des Esseintes de Huysmans. Una delicia.

La insolación, de Carmen Laforet
(Ediciones en Castalia y en Destino)
Asocio esta novela a una intensa sensación: la del sol y el agua salada del mar en la piel, y al fragante olor de los pinos en los calurosos días del verano. Me encantó: la historia de una amistad adolescente en un pueblo junto al mar. Una novela de iniciación, de intuiciones y descubrimientos. Laforet escribió libros preciosos, como este, además de su excepcional Nada.

Ánima mía, de Carlos Marzal
(Tusquets)
«Mirar es un quehacer de arqueología, / la tarea de amor para el presente». Leí este libro cuando se publicó, en 2009, y la lectura fue una experienca de especial intensidad. Así la recuerdo. «No exagero ni un ápice. Transformo / unidades de amor en unidades / de energía verbal». La intensidad y la extrañeza del vivir, en versos como fogonazos, de perfecta dicción, que yo leía deslumbrado. «Puede que esté prendido en alfileres, / pero he cristalizado en lo que vivo: / el diamante infrangible de lo humano».

7 comentarios en “Algunos libros (I)”

  1. Gracias, Víctor. Estupenda selección. Tanto, que no he leído ninguno… pero lo haré y comentaremos.
    Gracias otra vez y un abrazote desde Lima, que ya se pone fría y está más pandémica que nunca.
    Patricia

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  2. Muchas gracias a ti, Patricia. ¡No te pierdas ese relato de Lampedusa, “La sirena”!, es una maravilla.

    ¡Lima! Ojalá pueda volver un día… ¡Cuidaos mucho! Un fuerte abrazo.

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  3. Gracias Víctor por acercarnos esas lecturas. Son una buena referencia. Coincido totalmente contigo en cuanto a Carmen Laforet y su “Nada”, una de mis primeras lecturas “serias” y extraordinaria. Un saludo

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